domingo, 17 de abril de 2011

HIDALGO EN EL ALMA, 3er Encuentro Latinoamericano de Escritores Tulancingo 2011, por Bella Clara Ventura

HIDALGO EN EL ALMA



por Bella Clara Ventura




Al aterrizar el paso bienhadado en Bogotá después de tenerlo regado por el hermoso México, que se le « encorazona » en el alma a unos y a otros, me detengo con la mirada puesta sobre mi pisada por el Estado de Hidalgo. Sin duda fue andanza feliz y ampliada en dimensión humana gracias a los compañeros que se hicieron a la misma aventura de estar reunidos en el Gran Encuentro Indígena Literario Latinoamericano, del 18 al 25 de Marzo, del que formó parte el III encuentro Latinoamericano de Escritores, que terminó con una maravillosa sorpresa en el Valle del Mezquital. Sitio de clausura del evento bajo la magia del Atlante que se enroscó en el pasado y nos hizo saber de su cultura. Todo ello me salpicó la sensibilidad de vivencias que aún no digiero bien pues son tantas y tan buenas que falta tiempo para elaborar contenidos y conclusiones, pero de a poco iré decantando lo experimentado desde unas vísceras abiertas al conocimiento y a los verbos dar y recibir. Hicieron de su acción un manantial de posibilidades en el proceso de entrega sin ningún tipo de prejuicios.


Bajo la generosa presidencia de María Cristina de la Concha, innegable Quijota de las letras y la cultura en general, se llevó a cabo este andar de hidalgos, que fuimos todos al convertirnos en hidalguenses por una semana de luna llena y de soles naranjas. Desde el DF, lugar de inicio del periplo literario, fuimos conducidos por un excelente conductor y amigo, José Luis, en una “van” a Pachuca, capital del estado de Hidalgo, donde nos recibieron con honores y aplausos. En un salón se dio la buena intención de conocernos entre nosotros, ya que éramos 13 internacionales de diversos países como: Argentina, Brasil, Colombia, El Salvador, Perú, USA, Venezuela y por supuesto varios escritores de México. Abanico de nacionalidades se dieron cita para encontrar en la voz literaria un llamado a la paz y cordura del mundo, pasando por la sabiduría indígena que conoce de cerca las reglas y leyes de la Naturaleza con sus furias cuando el hombre abusa de ella.


Pachuca con su plaza monumental y el reloj, símbolo que la habita abrió sus sonrisas a nuestra arribo para dejar en sus bancos y habitantes el bouquet de nuestra palabra. En la Fundación Arturo Herrera Cabañas se estableció el cruce de atisbos del alma entre todos los participantes bajo el manto del verso alado que nos cobijó durante toda la tercera semana de Marzo.


En lo personal tuve una vivencia fuera de lo común, ya que el director de la fundación informó a título de cultura general que también en dicha capital existía una comunidad judía, se me dijo judía-indígena. Me pudo la curiosidad por ir tras las raíces y hacerme a un conocimiento adicional. Conocer de cerca la historia de esos judíos que se establecieron con hidalguía en Hidalgo siglos atrás, me indujo a perseguirlos como tesoro bendito. Como no encontré quien tuviera el mismo interés en el tema, tomé un taxi sola, tal vez solamente con mis demonios y ángeles interiores, hacia Venta Prieta, una colonia en Pachuca retirada del centro. Suelo « tirarme al ruedo », sin temor a las consecuencias cuando algún llamado especial me hace dirigir los pinitos hacia otras orillas donde quizá me nutra de otra manera, como fue el caso de mi “pesca milagrosa”. Hice como Sherlock Holmes a la caza de su presa, iba sin más indicación que la de una comunidad judía en Venta Prieta. Luego de un trayecto de unos 20 minutos, que me resultaron eternos, al haber sido víctima de sospechosas referencias sobre la seguridad de irme sola con un conductor desconocido (bien sabido es el riesgo que se corre en cualquier parte de mundo sin ser Colombia ni México la excepción), pasamos por varias avenidas y puentes hasta abrazar nuestro destino final: Venta Prieta. Inclusive el taxista me había preguntado: « ¿y por qué anda tan solita? ». Ese tipo de preguntas causan intranquilidad pero me sabía en buena vía para conseguir un hallazgo espiritual, de esos que llevan bendición, o por lo menos un halo diverso que da sosiego. Ya Venta Prieta, el taxista le averiguó a un transeúnte: « ¿por favor, dígame adónde queda la sinagoga ? ». El hombre de facha pueblerina indicó que la iglesia quedaba a tres cuadras más allá y que era una casa azul en una esquina. Hacia ese lugar nos dirigimos convencida que al primer intento daría con algún judío, como si fuera obvia mi búsqueda. Frente a la fachada descrita, toqué a la puerta sin obtener respuesta. Frustrada en intenciones, me dirigí hacia una papelería justo enfrente, y pregunté si alguien estaba en el lugar sagrado, obtuve como contestación que solamente hasta dentro de 4 horas aparecerían los del rezo. Entonces insistí que me orientaran hacia un hogar judío. La vendedora me miró de arriba a abajo como quien se pregunta: ¡qué diablos querrá esta mujer con un cantadito extraño para contactarse con algún judío sin importarle nombre ni dirección del fulano en cuestión! Le sonreí con sonrisa dominguera y plácida. Creo que atisbó en mi rostro la imperiosa necesidad de lograr mi hazaña, y me indicó que a 3 cuadras se hallaba la residencia de Rubén y sus dos hermanos, también con nombres de pila bien judíos. Me fui caminando con el apuro de un paso que no quiere confusión. Ante el portón timbré no sin cierto desespero pues no anhelaba que se me escapara la oportunidad de entrevistarme con judíos del barrio. Una voz inquirió, « ¿quién es? ». Respondí : « soy una colombiana- judía que busca conocer a gente de la comunidad judía de aquí ». Un hombre maduro me hizo seguir hasta el jardín, me devolví para cancelar el importe del taxi, segura de que había dado con el buen paradero de mi odisea. Pagué la carrera y despedí al taxista, quien ya había conseguido otro cliente para fortuna propia. Volví sobre mis pasos, y esta vez me recibió un hombre mayor, sin ser anciano, que me hizo sentir inoportuna. Suplicante le insistí que no podía echar por el suelo el sueño de saber más sobre ellos, y que venía de muy lejos sin rumbo exacto, además que acababa de despachar al chofer y ya no tenía norte en mi mente, sólo el de conseguir hablar con representantes de la comunidad judía de Venta Prieta. Algo inquieto y desconfiado, me hizo saber que para ello era indispensable una cita previa. En ese momento sentí como un puñal en el pecho. Cómo se me iban a esfumar mis ilusiones con una mala cara ante mi llegada. « Lo lamento pero tengo invitados, es shabat, día sagrado y no puedo atenderla », repuso verbalizando su discurso con una actitud poco amable, al contradecir el más elemental de los preceptos del judaísmo, que al extranjero siempre se le recibe bien. Algo me decía que el hombre se traía un guardado en su alma. Le ofrecí disculpas por haber llegado sin previo aviso y contestó con la inteligencia de quien conoce la condición humana, « entonces estamos a la par ». Lo que traduje mentalmente por: si usted es inoportuna y yo un tanto descortés, ¡mis buenos motivos tendré! ». Me sentí despedida y, antes de partir enredada en la frase le supliqué que me informara sobre otra puerta para tocar. Creo que en cierto punto le ablandé el corazón, ya que no me vio mal vestida ni con ínfulas de pedir nada. Suspiró y me dijo ya con aire más amistoso: « siga esta cuadra hacia abajo como 3 calles y pregunte por los Téllez ». Mi búsqueda se basaba en la terquedad de dar con la Historia, cualquiera que fuera su procedencia. Fui de aldabón en aldabón esperando que algún Téllez fuera el indicado, sin obtener resultado. Tras pasar por la presencia tres familias con dicho apellido, que me dijeron ser conversos, al cuarto portón llegué a pegarme al timbre. Sin respuesta. Desilusionada me encaminé hacia la tienda de enfrente, una carnicería. Indagué si en aquella casa amarilla vivía la familia Téllez, y obtuve un sí con la cabeza. Dije: « pero nadie abre ». « Insista que ahí están » fue la contestación de la dependiente. Regresé con los bríos más subidos y dispuesta a jugarme el todo por el todo. La puerta recibió mis palmazos, pero sin eco alguno. Enfurecí el puño y di mayor golpe, hasta que una voz femenina inquirió: « ¿Quién es? ». Leí el tono y comprendí que encubría un concepto, quién se atreve a tocar así. Con voz bajita e indefensa respondí: « soy una judía colombiana que viene a conocerlos ». Entreabrió la puerta y vi a una señora bien vestida con su falda a media pierna y un pañuelo que le cubría la cabeza. Supe de inmediato que estaba frente a una dama religiosa o por lo menos observante de las leyes de Moisés. « Entra », invitó en tono generoso luego de observarme de arriba hacia abajo, como quien detalla el objeto y le da el visto bueno. Depositó la visión de sus ojos inquisidores sobre los míos que se tornaron suplicantes y claros. Le seguí el paso y me encontré en una sala frente a una señora anciana en silla de ruedas pero con la mirada bien firme y atractiva, una joven hermosa con sus ojos sedosos y francos, (quien resultó ser la esposa del rabino y nieta de la anciana), y 3 señoras de mediana edad. Todas me saludaron no sin cierta curiosidad. De inmediato confesé que era colombo-mexicana, por tener madre nacida en Puebla y padre surafricano con ancestros turcos y griegos pero que nunca había vivido en México sino en Colombia. Me hicieron sentir en confianza, brindándome una silla y ofreciéndole a mi paladar viandas kosher, aceptadas con agrado. Y les relaté lo sucedido antes de llegar a ellas. Una lágrima traicionó mi emoción además del esfuerzo, no sin alta dosis de empeño que había tenido que librar para hacerme a la visita inesperada. Escucharon atentamente mi historia, pero yo en realidad iba tras la de ellas. Me contaron que eran de los primeros judíos en llegar a México y que se habían establecido en Hidalgo gracias a la buena fortuna que tuvo esa región y a la bondad de la acogida. Me hablaron de manera soterrada de una bendición que acompañó sus pisadas. El rabino quien se encontraba en reposo en otro cuarto hizo su aparición, y de inmediato sentimos la cercanía de alma. Ya no era una extraña. Me atreví a preguntar dónde estaban los judíos indígenas. Se miraron entre ellos de manera sorpresiva. Y ahí me dijeron: « por ello Rubén no quiso dar declaraciones. Ciertas entrevistas concedidas las tornan escandalosas, tal vez con la idea de vender más sus reportajes pero no con la de hacer justicia a la verdad. No somos indígenas sino puros sefardís llegados desde España a finales del siglo XV », me aclaró la mujer que me había permitido entrar a su hogar. Coincidía con el día del festejo de Purim. Fecha y sitio indicados para hablar de Ester y de la celebración de Purim, conmemoración del pueblo judío por haber obtenido un milagro: su salvación. Yo ya estaba a salvo en manos y miradas amigas, que me devolvieron la seguridad de que cuando se quiere algo con la fuerza del ser, se logran las cosas al precio que sea desde el efecto de la insistencia. Supe de ellos. Se sumaron a los afectos del alma. Y siendo la hora del regreso como prometido, retorné a Pachuca no sin antes recibir las consabidas bendiciones de boca de cada uno.




Teníamos cita en la plaza a las 5pm para dar un recital a sus habitantes. Llegué colmada de un sentimiento espiritual donde refugié un sentido profundo de volver a la dignidad cuando se funde en la ajena. Y fue una experiencia única que me predispuso a pasar una semana de ensueño como fue el caso, ya en contacto con los indígenas, mis otros hermanos, frente a la pirámide en Huapalcalco para recibir en ceremonia de rituales la primavera con danzas, oraciones y ofrendas. Copioso festejo de texturas, movimientos y sentimientos. El ojo acusó el impacto del color, el sabor y sobre todo el celo con que otras civilizaciones aman y respetan la Naturaleza.


Al darle la bienvenida al nuevo equinoccio, algunos compañeros tuvieron la oportunidad de compartir sus textos y dejar en el aire de grutas y rocas tan ancianas como el mundo, el mensaje de paz y amor, origen de la palabra del encuentro. Recibimos de manos de los sabios, el bastón de mando para traer a la tierra de cada uno la responsabilidad de hacer algo por nuestra patria, compromiso que se adquirió en una ceremonia frente al sol y la divinidad del Universo, bajo la promesa de llevar el Bien en todo acto. Para mí, la traída del bastón a Bogotá se vistió de anécdota, ya que sólo por la insistencia de su valor sagrado convencí a los agentes de seguridad que aún con dimensiones no permitidas para el abordaje, era importante traer a Colombia el elemento de mando, que aún guardo y guardaré con el cuidado y la atención con que me fue acordado. Hicimos círculos de luz para mostrar el verdadero Humanismo que debe ser canto diario hacia el semejante, pasando por el filtro de la buena conciencia de cada uno.


Luego en el Claustro de Tulancingo tuvimos la ocasión de escuchar la voz poética y literaria de todos los compañeros, más de 50…. Esos « sin cuenta » que en dimensión arman un ejército de palabras llenas de armas amorosas donde cada sílaba arroja su aporte. Otro ámbito sagrado recibió la fuerza de la metáfora, dejando piedras y monumento con la delicia del verso rodando por las cuatro esquinas de la catedral.


Cada país hizo presencia bajo la figura de su escritor en escuelas para fomentar la lectura y enseñar al estudiantado talleres de poesía además de mostrar un sistema de vida al resaltar el concepto que el escritor o narrador están vivos y atentos a los procesos que circulan por el mundo, como faros de alarma para denunciar aquello que toma rutas adversas o chuecas. La receptividad de las visitas a los planteles resultó gigante ya que es forma viva de llegar al corazón del alumno. María Cristina de la Concha tiene como misión acercar la labor del poeta, novelista, cuentista o ensayista al pecho curioso y ávido de aquellas « semillas » tiernas que son los alumnos, quienes hacen su andar como esponjas al recibir información. Importante dejarles plantado en el alma los conceptos de Humanismo, Paz, Tolerancia, Respeto y Amor. Sentimientos y pensamientos que harán del planeta un vividero mejor, más acorde al cambio de conciencia que se avecina en el ser humano frente a su responsabilidad ante su morada terrenal y su propio cuerpo físico, como respuesta al idilio de cuerpo y alma o del hombre con la Naturaleza.


El valle del Mezquital fue nuestra última parada. Anfitriones fueron el Teatro Cuauhtémoc y la Casa de la Cultura de Ixmiquilpan, además de colegios y universidades con los mismos propósitos de ampliar la sensibilidad tanto artística como humana en cada individuo en su haber dispuesto a recibir otro tipo de enseñanzas más humanísticas, como las ofrecidas por los integrantes que hicieron labor de difundir el arte de la literatura en todos sus aspectos y acercamientos.


Progreso, Mixquiahuala, Actopan, Ajacuba y El Santuario generosas localidades que se hicieron al aplauso frente a los escritores, quienes ya con la cancha del oficio y el sentido de multiplicar ya no los panes sino los conceptos, llegaron a las aulas o los auditorios con las frases en alto y el amor expuesto bajo el embrujo de cada palabra.


En Santiago de Anaya en las Grutas de Xoxafí, los cientos de alumnos de una escuela, escucharon atentamente el eco de la piedra y el tono de cada extranjero con el dejo de cada país, otra vez llenos de oraciones de amor al prójimo dicho con el talento de cada uno y la versatilidad que ofrece el arte de la escritura. Resultó velada mágica con velas encendidas y el vestuario de las niñas urdido de bordados y colores para mostrar la riqueza de la cultura de la zona. Todo invitó a la fantasía del atisbo y el recogimiento en una cueva que permite volver hacia nosotros mismos. Como si fuera la matriz donde el ser se prende del calor y del amor necesarios para vivir.


El jueves 24 de Marzo la Universidad Tecnológica Tula – Tepeji despidió la última presentación de los escritores en un escenario que invitó al clamor del cierre, unido a la voz en un castellano universal que habló de la imaginación como salvación del mundo puesto a la merced del arte en cualquiera de sus formas de expresión y aún más cuando hace uso de la palabra que lo diferencia del animal.


Los vestigios toltecas de la zona arqueológica de Tula con la presencia de los Atlantes fueron escenarios de la clausura ya para despedir a Hidalgo y volver con la nostalgia propia de quien deja y toma algo de vida para sus días futuros, bajo la impresión de haber experimentado momentos de amoroso sortilegio, donde cada participante obtuvo de la estadía en Hidalgo su mejor parte: la esencia de un estado rico en cultura y en apertura hacia los demás al imprimir una visión más amplia y justa en sociedades por venir.


El retorno se hizo con nostalgia. Dolía separarse de tantas personas maravillosas como Ana, Maruca, Franco, Luis, Marisol, Cely, Eliane, Gloria, Peri y tantos otros nombres que llenan el recuerdo de néctar.


Ya en casa con mi madre ciega por motivos de un coagulo en su único ojo bueno, puedo contarle las maravillas de mi permanencia en su terruño de nacimiento para hacerla partícipe de un periplo literario que me deja agradecida con la existencia y con todos aquellos que hicieron posible esta luna de miel con Hidalgo.


Un aplauso cerrado le brindo a María Cristina de la Concha y a Jorge Antonio García por haber pintado en el corazón de cada escritor la hermosura y generosidad de su propio estado: Hidalgo y dibujar a ese México lindo y querido que se reconoce en cada rincón, y que sigue vibrando aún en la distancia cuando regresamos a nuestro lugar de origen, bajo la dulce sensación que el país de los manitos acoge al huésped con un abrazo certero y apapachador; inolvidable a los afectos y al uso de la palabra en bien de las letras que se ordenan para aclamar a México con brillos del alma bajo la sonrisa de cada mañana en esplendor.



Bella Clara Ventura


Poeta y novelista


Colombo- mexicana


martes, 1 de marzo de 2011

GRAN ENCUENTRO Indígena Literario HIDALGO 2011

6º Equinoccio Enlace Huapalcalli 2011

1er Encuentro Indígena Latinoamericano

3er Encuentro Latinoamericano de Escritores

Pachuca Tulancingo Valle del Mezquital

del 18 al 25 de marzo

Organizan:

La Unión Latinoamericana de Escritores ULatE, Consejo Pro Difusión de la Cultura Prehispánica Huapalcalli, A.C., CALIPEDIA, A.C., Culturalcingo, A.C., la Red de Organizaciones Civiles del Estado REDOSC HIDALGO 84, la Red de Mujeres Mexicanas,

en colaboración con

la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura FES Zaragoza UNAM

con el apoyo de:

el ITSOEH de Mixquiahuala, la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji el Depto. de Servicios Regionales Tulancingo, la Coordinación Estatal de Bibliotecas, el Centro Universitario del Oriente de Hidalgo CUOH, la Asociación Mixquiahualense para el Desarrollo Humano, Sector 2 y 3 de Coordinación de Bibliotecas, la Fundación Arturo Herrera Cabañas, las escuelas Belisario Domínguez de Actopan y Alfonso Reyes de Ajacuba, el Colegio Libre Hidalgo, Enlace Ciudadano de Mujeres Indígenas de Sta. Ana Tzacuala In Yólotl y las asociaciones miembros de la REDOSC HIDALGO 84

16 ESCRITORES DE CENTRO Y SUDAMÉRICA EN HIDALGO

La líder indígena brasileña Eliane Potiguara

Gloria Dávila de Perú, Celina Garay, Ana Cuevas Unamuno, Peri Labeyrie, Eduardo Ceballos, Susana Rozar, Franco Gariboldi y Encarnación Anadón de Argentina, el argentino estadounidense Luis Alberto Ambroggio, Marisol Briones de El Salvador, Carlos Pérez Alonso de Nicaragua, Chungtar Chong de Venezuela, Jacinto K’anul de Colombia y Ma. Helena Leal de Brasil

40 escritores de la República Mexicana

Ceremonia Indígena Latinoamericana

Brasil – Perú – México

Por primera vez en México, escritores e indígenas y poetas indígenas se unen para llevar a cabo este Gran Encuentro Indígena Literario del 6º Equinoccio Enlace Huapalcalli 2011, el 1er Encuentro Indígena Latinoamericano y el 3er Encuentro Latinoamericano de Escritores en Pachuca, Tulancingo y el Valle del Mezquital, que iniciarán el viernes 18 de marzo en la capital del estado para concluir el viernes siguiente, 25 de marzo, en Progreso, Hidalgo.

Se dará inicio al 3er Encuentro Latinoamericano de Escritores en Pachuca de Soto, el día 18, con mesas de lectura y una exposición fotográfica de la argentina Peri Labeyrie, para continuar el domingo 20 en Huapalcalco, con el Equinoccio Enlace Huapalcalli 2011 que, además de sus presentaciones tradicionales, se verá enriquecido con la presencia de la Unión Latinoamericana de Escritores la cual, a través de sus representantes, hará una lectura poética en honor a esta importante zona arqueológica.

Sin embargo, lo más significativo del evento Huapalcalli tendrá lugar con la Ceremonia Indígena Latinoamericana Brasil – Perú – Chile – México, que por primera vez en tierra mexica se realizará con la finalidad de establecer lazos de hermandad indígena entre nuestros países latinoamericanos, en la que contaremos con la participación indígena de la brasileña Eliane Potiguara, líder indígena de su país, y de la peruana Gloria Dávila, poetas quienes en su forma autóctona tradicional llevarán a cabo un ritual en sus lenguas con traducción al español, y en reciprocidad los indígenas mexicanos representantes de las diferentes etnias presentes en el Enlace Equinoccio Huapalcalli 2011 realizarán el suyo propio. Una ceremonia que estará llena de emotividad.

Y el lunes 21, se llevará a cabo el 1er Encuentro Indígena Latinoamericano, donde con la representatividad de las etnias indígenas mencionadas tendrán lugar mesas de trabajo en torno a la situación indígena.

Se continuará con mesas de lectura literaria en Tulancingo y el Valle del Mezquital.

Habrá presentaciones de los escritores en instituciones educativas de las diferentes entidades participantes.

Pachuca de Soto, días 18 y 19 de marzo. Al frente de la organización: la Red de Mujeres Mexicanas, A.C. a través de su presidente, Josefina Gómez Arceo.

Valle del Mezquital: Progreso – Mixquiahuala – Actopan – Ajacuba – Santiago de Anaya – Tula, del 22 al 25 de marzo. Al frente de la organización, CALIPEDIA, A.C., a través de su fundador, Jorge Antonio García.

En Tulancingo de Bravo 20, 21 y 22 de marzo. Al frente de la organización, la Unión Latinoamericana de Escritores ULatE y Culturalcingo, A.C., a través de su presidente, Cristina de la Concha.

En Huapalcalco, 20 de marzo. Al frente de la organización, el Consejo Pro Difusión de la Cultura Prehispánica, A.C., a través de la coordinadora de Huapalcalli 2011, Ma. de Jesús Villegas.

En Huapalcalco, 21 de marzo. Al frente de la organización, la Red de Organizaciones Civiles REDOSC HIDALGO 84, a través de su presidente, Jorge Echeverría Merlo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Morvoz e Hyper versos presentes en el I Festival de Nuevos Públicos

Morvoz e Hyper versos presentes en el I Festival de Nuevos Públicos 14, 15 y 16 de enero

Miguel Ángel Rodríguez - Jessica Adriana Gómez - Verónica Núñez Abad - Felipe Gaytán - Sergio García Díaz - Blanca Roth - Navarro Arthur - Alan Gore - Jacinto K´anul - Cristina de la Concha - Carlos H. Vázquez - Raymundo Manzanárez - Claudia Irubí Hernández - David H. Rambo - Juan Carlos Valdovinos - Jorge Contreras - Carlos Camaleón































































martes, 4 de enero de 2011

Lectura por la paz. "No nos hagamos inocentes, manifestémonos en contra de la violencia"

Lectura por la paz "No nos hagamos inocentes, manifestémonos en contra de la violencia", se realizó el pasado 28 de diciembre en el Café Bar Brujas de la calle de Bucareli en el centro del D.F. Fotos de Eric Marváz en http://www.tulancingocultural.blogspot.com/.

viernes, 24 de diciembre de 2010

domingo, 5 de diciembre de 2010

El Torturador de Saúl Ibargoyen, por Rosa Helena Ríos

El Torturador de Saúl Ibargoyen

Cuando Saúl me pidió que leyera este libro, antes de su publicación, independientemente del enorme orgullo que sentí, cayó sobre mí la gran responsabilidad de documentarme. He de confesar que busqué mucha información acerca del golpe de estado en Uruguay, de los principales personajes de aquel entonces, de los Camisas Doradas, de la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, de Juan María Bordaberry, en fin, de todo lo que me ayudara a entender más el tema que tenía frente a mis ojos. De pronto recordé que se me había escapado leer un libro anterior de Saúl que también –pensé- abordaría este tema, y lo pensé por el título, más que por alguna otra referencia. Se llama Sangre en el Sur. Cuando lo leí, quedé impactada, y enseguida explicaré por qué. ¡Claro que me ayudó a comprender el nuevo libro! Pero más allá de entenderlo, me invitó a volver a reconocer el gran oficio de escritor de Saúl. Permítanme extenderme un poco sobre este otro libro.

Todos sabemos –y si no, les cuento- que Saúl es de los personajes importantes que vivieron y sufrieron todos los acontecimientos del golpe de estado en su país de origen, Uruguay, en los años 70. Sangre en el Sur es un libro en donde el personaje que habla relata sus vivencias en esos entonces de una manera muy singular. Es un libro que –para mí- se sienta sobre las bases teatrales del monólogo. Aunque, sí, existe el entrevistador, pero lo conocemos por el entrevistado. Y aún hay más, otro personaje etéreo, omnipresente: la mente del entrevistado que hace su aparición cuando entrevistado y entrevistador se dan un pequeño descansito para tomarse un café. Este personaje etéreo le tira línea al que habla sobre lo que debe y no decirle al estiradito entrevistador que de pronto no debe saberlo todo; pero que gracias a este recurso literario, el lector sí se entera de mucha información clasificada. Bueno, no creo conveniente contarles más, y aquí cierro mi paréntesis para invitarlos a adquirir en paralelo los dos libros y puedan tener el mapa completo de todo el tesoro que Saúl nos comparte tan generosamente.

En este punto, ya sintiéndome una conocedora del tema en el que me iba a sumergir, que por el nombre del libro era obvio que se trataba de la contraparte, de los represores, entro de lleno al contenido, y de nuevo Saúl me vuelve a provocar un salto en mi capacidad de asombro: iba a conocer la vida, recovecos, sufrimientos, deformaciones psicológicas y andanzas del más cruel y sanguinario de todos los torturadores, por supuesto estoy hablando de un personaje ficticio, Escipión Carrasco, sacado de la imaginación del autor. Que en honor a la justicia, no está nada alejado de la realidad. De nuestra masacrada realidad.

La primera pregunta que surgió en mi mente al hablar del autor fue ¿cómo es posible que un hombre que vivió toda esta represión, que tuvo que dejar familia y amigos para salvar la vida, que en su corazón tiene el recuerdo de amigos muertos, de prostitutas-amigas que por ayudarlo fueron descubiertas, que vivió miserias, enfermedades, soledades, como es posible, repito, que pueda hacer una novela llena de humor y hasta de empatía con un ser tan siniestro como El Machito (seudónimo de Escipión Carrasco, el protagonista)? Bueno, es una pregunta que me contesto un poco pensando en que cuando superas tu pasado, puedes hasta reírte de él. Aunque es bien sabido que la narrativa de Saúl incluye el ingrediente que yo, como su ávida lectora, más admiro y agradezco: el humor. Sobre todo el humor ácido, el humor negro.

Y aunque para muchos el protagonista puede parecer un ser verdaderamente abominable, Saúl nos hace introducirnos en su pasado con doña Chatita o la Lupona, su abuela; nos lleva a enternecernos con el niño al que le matan a su perrito en las cercanías del mercado y que por la noche se masticaron las ratas, sabemos de su falta de madre (y aclaro, no es grosería, es en serio, y ya verán por qué los que compren el libro), y de su primera infancia en la escuela de los padres pederastas. No hay manera de sentirnos lejos de ese niño cuya alma deformada comienza a tener una fascinación por las ilustraciones de temas sangrientos y llega a lograr, en su edad adulta, 4 o 5 carpetas a reventar de fotos, pinturas y dibujos de situaciones en tortura. Sabemos que la que más le gustaba era una foto no muy grande de un tipo gordo tirado en su petate, vestido sólo con la camiseta amarilla del American Boys, que lleva el número diez… Y no me extiendo en los detalles que son minuciosa y concienzudamente explicados por él mismo de la tortura que el pobre gordo ha recibido. Dicha fotografía será su estandarte en su difícil, pero profesional oficio, de Torturador.

Y hablando de su oficio, y sólo a manera de información para los futuros lectores, en el lugar donde se desarrolla la acción, y debido a los levantamientos, las fuerzas armadas deciden crear un grupo especial de represión a los insubordinados, que se llamará Servicio de Seguridad Social, idea genial de Dunviro Retícula, abogado de profesión y elevado a la categoría de coronel por el mismísimo general supremo en un análisis profundo. Cito: “…hagamos lo que se me ocurrió ahorita ordenar: usted será promovido a coronel, no sólo por las recomendaciones de su tío el general en retiro Pancho Retícula, casado con mi hermanita Leoncia… Yo lo propongo para el ascenso, su expediente me ha impresionado, entonces el estado mayor dice que sí y chau. El presidente, como jefe del ejército firmará lo que haya que firmar y ¡salute, farabute!” ¿Les suena familiar?

La cosa es que el libro de Saúl no se concreta a contar la anécdota de un asesino serial de manera lineal. Que para este momento he de decirles que si bien me sirvió mucho documentarme, no es tan necesario hacerlo, porque el relato que Saúl nos cuenta tiene su vida propia con o sin el referente histórico. Y mientras me adentraba en la lectura, descubrí algo que me sorprendió mucho: la historia está escrita tal y como si se tratara de un guión de cine, el autor utiliza escenas de retroceso, acercamientos, avances temporales, marcos congelados, y miles de imágenes. Uno puede estar viendo la película mientras camina por sus páginas. Por darles un ejemplo, precisamente cuando Escipión es reclutado en el exclusivo y secreto grupo de los Camisas Doradas, la escena se encuentra en el interior de un bar (El Mincho) y al fondo derecha, cerca de los meaderos, está la mesa que ocupa él con los Camisas Doradas (la unidad dividida en 4) donde hay copas, vasos, botellas, ceniceros, platos con botanas. Y en el momento preciso en que uno de sus reclutas ponía en su vaso otra exagerada cuantía de ron Bacardí, sólo con unas piedritas de hielo, y debido a un torrente de recuerdos de El Machito, la escena queda congelada. No puedo evitar leerles literalmente la descripción de ella:

“…dejaremos por un momento a los cuatro caballeros con sus ocho labios paralíticos, con los vasos y copas a medio alzar o a medio depositar en la fatigada mesa, con los chorros de las botellas endurecidos y colgantes en un clima de humos inmóviles, con sus ganas de orinar para más luego, con sus toses o estornudos detenidos en el curso de gargantas y narices cristalizadas, con un sonido de teléfono celular naciente, con pensamientos y sensaciones encerrados en torpes neuronas congeladas…”

Y entonces, ahí el autor hace una escena de recuerdo (flash back) en donde nos vamos a recorrer sus memorias del que más adelante va a ser nombrado el agente SSS007 (SSS=Servicio de Seguridad Social).

Por supuesto, algo que se agradece al autor es que la historia no está contada de manera lineal; los brincos en el tiempo y las subtramas insertadas en espacios y lugares distintos le dan una fluidez que, contando el total de páginas que tiene la novela, ayuda a disfrutarla casi de una sentada.

Por cierto, quiero aclarar, porque seguramente ya todos se preguntarán qué demonios hace un teléfono celular en aquéllos tiempos. Pues ahí encontramos otro gran logro de esta novela: si bien está apoyada en una historia verdadera, Saúl crea un mundo sin tiempo, sin espacio específico. Toda la trama pasa ahora, en un lugar que denomina Estado Mesoriental, con personajes que tanto uruguayos, como mexicanos, como latinos, podemos identificar con algunos conocidos de la vida política, pues están en sus puestos, en sus miserias, en sus poderíos. No es el ayer, es el ahora y siendo realista, o pesimista, ya qué más da, puede ser también el futuro. Existe una identificación plena y total con los aconteceres más cercanos, con los dolores más inmediatos, con las guerras sin reconocer, con los muertos que jamás alcanzan a lograr la justicia. Saúl se desprende, pues, de su pasado, y logra, magistralmente, embonar ese relato con lo que sucede en presente. La patria es Latinoamérica.

Otro punto que yo rescato de la novela es el profesionalismo de Escipión en su no tan noble labor de torturador. Cuando ingresa a las filas de los Camisas Doradas y le dan sus uniformes y materiales, también le entregan el Manual que Dunviro Retícula, coronel del que ya les he hablado, elaboró en un “cuadernillo de treinta y dos páginas”. Manual que Escipión, el Machito, leerá y memorizará mejor que cualquier otra materia de estudio y que, más adelante, superará por mucho. No hay de otra, aquí se aplica aquello que dice que el alumno supera al maestro. Pero volviendo con dicho manual el lector lo verá aparecer a lo largo de la historia con un tino perfecto cada que se viole o se exalte alguno de sus artículos. Pongo un ejemplo: En una ocasión, el agente SSS007 (o sea el Machito, o sea Escipión Carrasco) viendo a un señor que, en un bar de very important people besaba (apasionadamente) a un mozuelo, dispara todo el cargador sobre el erótico dueto. Enseguida, y sin demora, el agente recoge los casquillos que han quedado en el suelo, y una voz que nos ha estado acompañando a lo largo del relato nos pregunta: ¿para qué ese gesto de pudor asesino recomendado en algunos casos por el Manual, página 22? En otros momentos, simplemente nos informa que tal acción tiene que ver con el manual en tal página y tal artículo, como si dicho reglamento fuera del dominio público.

El último ingrediente del que hablaré que tiene este delicioso, aunque un poco indigesto platillo llamado El Torturador, es la manera como el autor, en un constante coqueteo con el lector se la pasa haciendo guiños con sus comentarios siempre al margen de la historia, para no entorpecer el fluido del acontecer narrativo.

Por ejemplo, cuando nos está diciendo en dónde vive el Machito, nos revela que es en la calle de Solferino esquina con Maldonado, pero hasta ahí. No más, porque, cito: “…el número no, que no somos soplones, sino narradores, ¡caray! ¿Por qué el lector siempre quiere enterarse de lo que no necesita conocer?” Y termina con una frase contundente: “Explicitez sí, pero no tanta”.

De El Torturador podría seguir hablando horas y horas, pero es más grato cuando el lector lo saborea de primera mano. Ya sólo me concretaré en agradecer a Saúl el alto honor de haberme dejado disfrutar antes que –casi- nadie el placer de leerlo.

Rosa Helena Ríos