domingo, 1 de abril de 2012
Semana Internacional de la Lectura Hidalgo 2012 - 4º Encuentro Latinoamericano de Escritores Hidalgo 2012
Saúl Ibargoyen festejó su primeros 100 años En la Casa del Poeta Ramón López Velarde, el pasado 26 de marzo











Con el propósito de adelantar el primer centenario del poeta y narrador
uruguayo/mexicano, que sería el 26 de marzo de 2030, varias decenas de sus
amigas y amigos, poetas o no, alumnos o no, lectores o escuchas de sus versos,
se reunieron en luminoso festejo. El evento fue el lunes 26, en el hospitalario
Bar Las Hormigas de la generosa Casa del Poeta, ciudad de México, dirigida por
Maricarmen Férez.
Hubo música roquera de gran tono, lecturas a cargo de casi 20 poetas, rencuentros
afectivos, entretejido de pláticas y asombros, musas diversas y hermosas
-incluyendo dos niñas-, acciones de conocimiento y libertad, presencia de
diplomáticos de Cuba y Uruguay, así como de editores, maestros, amadores de
libros y ciudadanos de lucha y trabajo. Y, como suele pasar en México, hubo
varias nacionalidades representadas -cubana, uruguaya, guatemalteca, poblana,
defeña y sus variantes-, como rica expresión de la Matria que es América Latina,
más España... y más allá también. La organización fue colectiva y bajo la sabia
dirección de la dramatruga y actriz Mariluz Suárez.
Fue pues un encuentro de amistad cierta, de confirmación de actitudes vitales y
gozosas, que tuvo a la poesía como axis mundi, en cuanto producto espiritual
actuante y solidario... y "cargado de futuro".
domingo, 26 de febrero de 2012
LOS QUE VUELVEN entrevista a Saúl Ibargoyen en Montevideo desde México por Gustavo Ogarrio
http://elmontevideanolaboratoriodeartes.blogspot.com/search/label/Reportajes
Saúl, me gustaría primero que hablaras un poco no de esta última novela, sino de ciertas obras anteriores, muy cercanas en el tiempo, en las que veo prefigurado el tema de la memoria histórica respecto al pasado de represión y de dictaduras en muchos países latinoamericanos. Estoy pensando en tu novela anterior, El Torturador, una sátira un poco negra sobre un tema tan duro como la tortura, tratada sin tremendismos pero también sin ligerezas. ¿Cómo ves esta narrativa tuya respecto al momento de memoria actual que viven muchos de los países de América Latina?
En otro trabajo tuyo, testimonial, Sangre en el Sur, pones a jugar una de tus ideas políticas más tenaces, dices que “el fascismo es uno”, ¿podrías hablarnos de esta idea y de su relación con el testimonio y tu narrativa?
Ahora sí quiero entrar en la novela Volver… volver, ¿quién es este hombre que lleva la voz, Leandro? Hay en su figura un trabajo novelesco desde tu propia autobiografía ¿dónde eres él y dónde no?
Pregunta para un psicoanalista, y yo soy solo un paciente… No se oculta que el personaje central, Leandro, está apegado a una autobiografía que uno escribe sin palabras, mientras va respirando en estos complejos y a veces contaminados aires del mundo. Y que después, bajo ciertas pulsiones, resulta escrita e inventada al mismo tiempo. Uno la vive sin escribirla y la escribe como si la viviera. Por tanto, autor explícito, autor implícito y narratario son uno solo, otra vez la trinidad… Leandro es el nombre de mi padre, es decir, su nombre vive, respira, pero murió hace 52 años. Decía mi amigo Hugo Giovanetti que detrás de una familia o un grupo humano, o alguien, siempre hay una persona, como una sombra que señala aconteceres y destinos. Puedo decir que hay una sombra para mí, siguiendo esta metáfora, como el otro, el doble, etc., pero esa sombra se ha vuelto transparente y su núcleo de seguro es blanco. He pensado que, a más del asunto central de la novela, el regreso de un exiliado a la ciudad natal, el otro asunto es un homenaje y el verdadero encuentro con mi padre.
En la novela hay figuras que ilustran perfectamente este choque entre pasado y presente, que representan la imposibilidad completa del “regreso” para el hombre Leandro. Por ejemplo, María Laura, una estudiante que precisamente estudia el presente en una de sus versiones artísticas, la literatura, o Rosita, que en su disposición amorosa recarga el presente de exilio de Leandro, aunque se esté ya de regreso, ¿es así esto?
No lo había pensado así, pues los personajes fueron apareciendo de quién sabe que “telas del corazón”, como universos nacidos de la nada (según Stephen Hawking), aunque esta teoría no sirva para los humánidos. Según los famosos griegos, hasta los dioses estaban sometidos a la necesidad, y mi personaje Leandro también, e igualmente María Laura y Rosita. Su aparición tal vez esté relacionada con ciertos huecos en la sensibilidad del protagonista, resultantes de historias pasadas que tienden a reiterarse, como si tratara de soñar en función de un acto de voluntad. Esto pretende significar que cada personaje tiene varias históricas apócrifas, es decir, escondidas, y la interacción con otra/o personaja/e despierta una sola de esas historias, en razón de la ley que expresa que un personaje no puede estar en dos lugares del relato simultáneamente. Ciertas partículas en la física cuántica, sí.
http://elmontevideanolaboratoriodeartes.blogspot.com/search/label/Reportajes
* Ciudad de México, 1970. Narrador y ensayista. Actualmente es profesor de literatura latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Ha publicado los libros Cartografías del poder y la imagen (UMSNH, 2007), La mirada de los estropeados (FCE, 2011) y Épicas menores (UNAM / EÓN / SCDF).
domingo, 11 de diciembre de 2011
Saúl Ibargoyen y la obra El Torturador en el contexto de las nuevas escrituras mexicanas Por Marcos García Caballero
Por Marcos García Caballero
Febrero 2011
En el número 227 de la revista Quién (29 de Octubre de 2010) aparece una sugestiva lista de los “50 personajes que mueven a México”. Lo mejor de esta lista o, por lo menos para los registros que se pretenden en este ensayo, es que: El número dos en cuanto a importancia de los personajes que aparecen es un escritor: Carlos Fuentes. En el cuatro está José Emilio Pacheco. En el diez, el historiador, escritor y director de Letras Libres, Enrique Krauze; en el número veintidós está un guionista que ha escrito novelas y libros de cuentos: Guillermo Arriaga. El lugar veintinueve lo ocupa Elena Poniatowska. Hay que aclarar que no es una revista que tenga acento en la literatura y que es más parecida a una revista para ser hojeada en un consultorio médico o que, dicha sea la verdad, todos estos escritores son cubiertos por los fenómenos mediáticos y que tal vez la verdad es que México sea el que los mueve a ellos y no al revés, pero es innegable el valor de sus trayectorias no sólo dentro sino fuera de México.
Ahora que si la pregunta fuera por quiénes son los cincuenta escritores que mueven a México, es seguro que podríamos barajar muchos nombres con certeza y creo, muchos de ellos con unanimidad.
Yo apuesto que en una lista así tendría que estar el nombre de Saúl Ibargoyen, escritor uruguayo-mexicano con un poco más de 30 años de trabajo activo en nuestro país.
Este año que acaba de concluir, Ibargoyen lo terminó con una gira de estudio y presentaciones de sus trabajos en Buenos Aires, Quito y otras ciudades del Cono Sur, además de que bajo ediciones EÓN publicó su última novela: El Torturador.
Antes de hacer un abordaje de análisis de la obra, no podemos olvidar mencionar que Ibargoyen sacó su poesía édita, que comprende desde 1956 hasta el año 2000, en un libro con el título de El Poeta y Yo, que es un amplio volumen cuya selección y presentación estuvo a cargo de Hugo Giovanetti Viola, estudioso de la obra de Ibargoyen. Saúl además durante mucho tiempo fue maestro en La Escuela Mexicana de Escritores de la SOGEM, además de que bajo el mismo sello de EÓN editorial se publicaron sus libros: Toda la tierra (novela) y Cuento a Cuento (relatos completos) y su poemario El escriba de pie, (edición de editorial Tintanueva) el cual mereció el Premio Nacional “Carlos Pellicer” en su edición del año 2002. Agréguense ensayos, entrevistas, artículos, poemas sueltos en la mayoría de las revistas literarias y periódicos importantes del país.
El volumen de El Poeta y yo por su extensión y por sus resoluciones poéticas, que abarcan cuarenta y cuatro años de madurez, perseverancia y fe en la poesía, merecería un ensayo completo aparte. Por el momento nos basta decir que El Poeta y Yo con el paso del tiempo se verá cada vez más como referencia obligada, tanto para estudiantes de Letras como para escritores en activo y poetas primerizos, es una obra enorme en todos los sentidos. Juan Gelman y Eduardo Milán (otro gran poeta de origen uruguayo entre nosotros) han celebrado sin ambages la poesía de Saúl Ibargoyen, quien, por supuesto, también perteneció al grupo de escritores de Latinoamérica y el Sur de Estados Unidos que en los años sesenta del XX formaron parte de El Corno Emplumado (hay que recordar que Julio Cortázar, ya con toda la fama y autoridad moral que tenía en ese momento, felicitaba y veía con muy buenos ojos las creaciones de lo que iniciaron Margaret Randall y Sergio Mondragón, que, finalmente, con la represión del tlatelolcazo el 2 de octubre de 1968 y que continuó posteriormente, terminó por hacer desaparecer a la revista).
Principalmente poeta, Saúl Ibargoyen maneja la prosa de largo aliento y el relato sin el famoso “desastre” que ocurre —según decía Augusto Monterroso—, cuando el poeta decide narrar. Saúl Ibargoyen logra ambas cosas con veracidad total y, además, en su prosa no se puede dejar de advertir y sentir el peso de la palabra que significa, por supuesto, que nuestro narrador es un gran poeta. Un rasgo característico de su prosa (algo que también ha mencionado Hugo Giovanetti Viola) es su tendencia hacia visiones escatológicas y muy lejos del tipo de edificaciones “estetizantes”. Ibargoyen nos confronta en su poesía hacia observar la necia oligofrenia del mundo y la obscenidad del ser humano cuando éste se comporta como perro. Y, si esto es así, Saúl no lo sabe de oídas: a su obra han de agregarse sus denuncias sobre los abusos de tortura en su país de origen y de México… Pues… ¿la verdad qué esperaban?
Lo primero que salta a la vista al leer al Ibargoyen narrador es su construcción maestra de un slang violento en la urdimbre del texto y entre el habla de los personajes, que no es un slang propiamente extraído de la calle o de los barrios bajos de las zonas urbanas de un país como México, pero que (y he ahí una de sus genialidades en cuanto a innovación estilística) inmediatamente nos es identificable, es un slang que Ibargoyen ha pulido en su expresión y en su decir y ese slang nos toca, se nos acerca como un filo, es parte de nosotros aunque de él no tengamos la experiencia real en estricto sentido, es un logro de poeta: esa vivencia del slang puesto al servicio de la literatura es la mejor arma del Saúl narrador en El Torturador que sacó de las quintaesencias del lenguaje violento de “un país que está a medio camino entre Uruguay y México” pero que definitivamente es parte de nuestra historia. Seríamos necios si no nos reconociéramos en ésta nueva novela suya, que apuesto, está todavía por verse su impacto en las letras mexicanas.
El Torturador narra, y tiene como personaje central a Escipión Carrasco, alias “el Machito”, alias el agente SSS007, quien terminará torturándolo todo, inclusive así mismo. Es “un hijo sin madre” identificable, no hay registro alguno de quién fue su progenitora en ningún lado; existió su padre, quien fue su primer torturador y en un enfrentamiento, pero amoroso, el padre muere; después y por medio de ese slang recorriendo toda la narración, se irá conformando la historia y saldrán toda una caterra de personajes: “los juanes”, el Coronel Dunviro, el Presidente del Estado Mesoriental, etcétera.
Saúl Ibargoyen es de los maestros que gustan recordar siempre la importancia del primer poema reconocido a nivel mundial de la humanidad: Gilgamesh, (en La Escuela de Escritores de la SOGEM donde me dio clase en el año 2000 ya lo hacía con vehemencia) poema que como se sabe, es un recorrido onírico y un viaje al mundo de los muertos que hacen Gilgamesh y su amigo Enkidú para encontrar el secreto de la inmortalidad. Según una entrevista que dio a Alejandra Silva Lomelí de El Sol de México, en donde la periodista arroja la pregunta desde el título mismo de su trabajo: “El Torturador: ¿novela polifónica?”
Pregunta Silva Lomelí:
El personaje principal de tu novela, Escipión Carrasco, es un incompleto de sí mismo, según tu misma definición. Carece de todo, incluso de una identidad inicial. Él tiene que forjarla solo, y en gran parte lo hace a través de sus sueños, que son catárticos y reveladores. ¿Nos puedes hablar sobre lo onírico en tu novela? ¿Cómo forman ha personalidad de Escipión?
Saúl Ibargoyan responde:
“Los sueños son viejo asunto en todas las culturas. Basta recordar el Poema de Gilgamesh. En cuanto a Escipión, ese ámbito pesadillesco que lo acosa tiene origen, sin duda, en las más que penosas experiencias de vida. En él hay un torturador activo hacia los otros y uno físicamente pasivo hacia sí mismo. Esas pesadillas, producto de lo cotidiano y de la ausencia materna, a más de las carencias de la pobreza, generan más pesadillas que, de algún modo, se trasladan a la brutal vigilia que el personaje habita. Su propia imaginación puede ser interpretada como un mal sueño permanente. Escipión, en parte, es resultado de esos revoltijos oníricos...”
Todos sabemos de la maestría polifónica en las novelas de Milan Kundera, pero éste asunto no va por ahí. El discurso narrativo de El Torturador sería novela polifónica al estilo de esas mezclas de habla más bien, de La Habana en Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante, que también parten de “revoltijos” oníricos nocturnos, pero es dolorosa la experiencia de leer El Torturador y, a pesar del aparente paralelismo entre estas dos obras, la verdad es que son todo lo contrario, pues como el mismo narrador nos recuerda: “la ficción también hiere”. La obra que hizo mundialmente célebre a Cabrera Infante, no es sino una celebración de los ámbitos nocturnos de Cuba bajo el régimen de Batista, pero la verdad es que El Torturador es todo lo contrario o, más exactamente, es el otro lado de la moneda de esa celebración, ya que, en el Estado Mesoriental donde se desarrolla la novela, casi podemos ver, en la figura y el contexto de Escipión Carrasco, toda la historia de impotencia, desgarramientos, caos y devastación en nuestros países de América Latina en el siglo dos XX, cuando des`e el poder, “la voz, agria de hipocresía, proclama que lo primero es el orden”, según dice uno de los poemas de protesta de Efraín Huerta.
Como lo sabemos todos los escritores mexicanos, los editores de libros, de revistas y suplementos culturales (toda publicación sobre las letras que se precie no puede nunca estar fuera de estos debates, encuestas y cuestiones) y demás gente cercana a los libros, en su número de abril de 2007 la revista NEXOS hizo una encuesta llamada “Las mejores novelas mexicanas de los últimos 30 años”. Yo creo que en el año 2020 se volverá a convocar a ciertos votantes exclusivos para otra encuesta que seguramente causará polémica y será llamada quizá: “Las mejores novelas mexicanas en las primeras dos décadas del siglo XXI”. Ojo: en ese entonces ya Carlos Fuentes, como figura y su gran conocimiento de los distintos Méxicos que somos, significará otra cosa para todos nosotros. De hecho, Ibargoyen arriesga mucho más que Fuentes en términos de novela política. La Voluntad y la Fortuna de Fuentes, por ejemplo, con todo y sus 552 páginas densas y espesas, palidece ante el verdadero horror de El Torturador y la maestría de su inquiatante final in crescendo. El Torturador va a estar en esa lista que seguro vendrá y quizá entre los diez primeros. Por su contundencia, su innovación estilística, su ironía amarga de triunfo pírrico, las carcajadas de borrachera que provoca, (¡no por otra cosa sino porque está escrita siempre desde el punto de vista del narrador que no deja descansar a nadie: ni a los personajes ni al lector, todos sufren y todos tenemos qué hacer catarsis ante El Torturador!) la solidez brillante de la historia en sí y por sí misma, así debería de ser. A éstas alturas todos sabemos ya qué es lo mejor de Jorge Volpi en su novelística (En busca de Klingsor), de Juan Villoro (sus recopilaciones de ensayos y la novela El Testigo), de Enrique Serna (El Seductor de la Patria), de Gerardo de la Torre (Su obra de cuentos y Ensayo General), de Guillermo Samperio (La Antología que le publicó Alfaguara) etc...
Abro un libro de ensayos críticos reciente de Geney Beltrán Félix (2009, publicado por la UNAM) cuyo trabajo es notable y ha sido muy comentado en el periodismo escrito: El Sueño no es un Refugio sino un Arma y leo: “¿para quién se escribe? ¿No es aterrador que el diálogo intelectual fuera del círculo literario sea casi nulo? [...] ¿La literatura va a quedar relegada sólo al cubículo universitario del doctor en letras? (pp. 75-76). El ya mencionado Cabrera Infante declaró en el Prefacio a la cuarta edición de Así en la Paz Como en la Guerra (1960) que un amigo suyo le había dicho: “cuando un escritor tiene un público es hora de que comience a escribir para él”. No concuerdo totalmente con las preguntas de Geney Beltrán. No creo que ni él mismo las acepte. Pero reconozco que me obligan a meditar, a volver sobre preguntas mías que ya creía resueltas y replantear la idea o, más bien, ese conjunto de ideas, referidas claro, a “la inmensa minoría” del público que tienen los libros y la literatura.
Una cosa sí es segura: El Torturador no es una novela hecha para escritores y periodistas solamente; es para todo lector, toda lectora, porque ese espacio narrativo “a medio camino entre Uruguay y México” del siglo pasado nos es dolorosamente próximo: Lomas Taurinas, Chiapas, Acteal, Tlatelolco, Oaxaca, el cura pedófilo Marcial Maciel, los filósofos marxistas Bolívar Echeverría y Adolfo Sánchez Vásquez, los jóvenes emos, el ejército en las calles y la tortura misma (Ibargoyen se adelantó a Presunto Culpable, el documental de moda) ¿No son todas esas cosas, acontecimientos, lugares, nombres, repito (y la lista verdadera es más larga) no nos son definitivamente próximos y nuestros? Son nombres, lugares y cosas que han surgido por la tortura, por nuestra tortura.
jueves, 21 de julio de 2011
Luto entre promotores por la muerte de "El Mane", José Manuel Vargas Reynoso, fundador y presidente de la Barra Nacional de Promotores Culturales 3d2

Luto e indignación entre los promotores culturales por el cobarde asesinato de El Mane.
El promotor cultural, fundador y presidente de la Barra Nacional de Promotores Culturales 3d2, "El Mane", José Manuel Vargas Reynoso, fue muerto por unos asaltantes en Cuernavaca, Morelos, México, la noche del pasado sábado 9 de julio.
La indignación entre promotores y artistas no se ha hecho esperar por una muerte más de la violencia que vive este país pero sobre todo por el asesinato de alguien que bregaba por la cultura como arma en contra de esa violencia.
martes, 5 de julio de 2011
Peri Labeyrie nos cuenta del Encuentro 3.Abr.11
Peri Labeyrie nos cuenta del Encuentro
La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo.
Isaac Newton
Hace pocos días, tuve el privilegio de asistir invitada y adherir como fotógrafa al 3er. Encuentro Latinoamericano de Escritores que tuvo lugar en México --en distintas localidades del Estado de Hidalgo --, organizado por la escritora mexicana María Cristina de la Concha Ortiz, presidenta de la ULatE (Unión Latinoamericana de Escritores). Además de lo interdisciplinario, siempre enriquecedor, para mí fue increíble el contacto y convivencia con importantes personalidades de las letras mexicanas y de otros países como El Salvador, Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Estados Unidos, Argentina.
Asomarme al mundo de las letras, la dinámica de sus intercambios, lo festivo de tantos amigos reencontrándose y reescribiendo una historia en común, hicieron de estos días, una experiencia fascinante por lo diversa, intensa e inesperada.
Capítulo aparte, fue la articulación paralela con el 6to. Equinoccio Enlace Huacalpalli 2011, con su Encuentro Indígena, donde las expectativas quedaron superadas por la maravilla de compartir el viejo ritual al pie de la pirámide de Huapalcalco (recuperada hace pocos años ), el colorido de las danzas rituales, la fortaleza de sus líderes dando batalla, fundamentalmente, para el reconocimiento y defensa de todo el movimiento de pueblos originarios mexicanos.
Por eso, en todo lo vivido, me pareció ver y sentir un México, dando lección al resto de países de la Región acerca de cómo enorgullecerse por un pasado que está vivo y habita no sólo en museos y bibliotecas,donde la diversidad es mucho más que un discurso político de ocasión, sino que desborda y emerge en cada manifestación de una realidad tan rica como inabarcable, por lo multicultural, multilingüística y plurireligiosa.
Sin grandes enunciados ni discursos, aunque con lo más auténtico de lo producido por poetas, relatores, narradores, entre otros, participamos privilegiadamente, de un esperanzador momento, que abre, quizás, nuevas instancias de intercambio en el seno de la llamada “Patria Grande”.
Si es cierto aquello que Borges decía… “pensar es olvidar diferencias”, México con su 3er. Encuentro Latinoamericano de Escritores, y demás eventos paralelos, pensó y puso sobre el tapete las diferencias y nos maravilló con ellas. Lo hizo generosamente, con voluntad de sumar a la construcción de una visión compartida.
Peri Labeyrie
Fotógrafa y Productora de TV
Córdoba – Argentina
domingo, 17 de abril de 2011
HIDALGO EN EL ALMA, 3er Encuentro Latinoamericano de Escritores Tulancingo 2011, por Bella Clara Ventura
HIDALGO EN EL ALMA
por Bella Clara Ventura
Al aterrizar el paso bienhadado en Bogotá después de tenerlo regado por el hermoso México, que se le « encorazona » en el alma a unos y a otros, me detengo con la mirada puesta sobre mi pisada por el Estado de Hidalgo. Sin duda fue andanza feliz y ampliada en dimensión humana gracias a los compañeros que se hicieron a la misma aventura de estar reunidos en el Gran Encuentro Indígena Literario Latinoamericano, del 18 al 25 de Marzo, del que formó parte el III encuentro Latinoamericano de Escritores, que terminó con una maravillosa sorpresa en el Valle del Mezquital. Sitio de clausura del evento bajo la magia del Atlante que se enroscó en el pasado y nos hizo saber de su cultura. Todo ello me salpicó la sensibilidad de vivencias que aún no digiero bien pues son tantas y tan buenas que falta tiempo para elaborar contenidos y conclusiones, pero de a poco iré decantando lo experimentado desde unas vísceras abiertas al conocimiento y a los verbos dar y recibir. Hicieron de su acción un manantial de posibilidades en el proceso de entrega sin ningún tipo de prejuicios.
Bajo la generosa presidencia de María Cristina de
Pachuca con su plaza monumental y el reloj, símbolo que la habita abrió sus sonrisas a nuestra arribo para dejar en sus bancos y habitantes el bouquet de nuestra palabra. En
En lo personal tuve una vivencia fuera de lo común, ya que el director de la fundación informó a título de cultura general que también en dicha capital existía una comunidad judía, se me dijo judía-indígena. Me pudo la curiosidad por ir tras las raíces y hacerme a un conocimiento adicional. Conocer de cerca la historia de esos judíos que se establecieron con hidalguía en Hidalgo siglos atrás, me indujo a perseguirlos como tesoro bendito. Como no encontré quien tuviera el mismo interés en el tema, tomé un taxi sola, tal vez solamente con mis demonios y ángeles interiores, hacia Venta Prieta, una colonia en Pachuca retirada del centro. Suelo « tirarme al ruedo », sin temor a las consecuencias cuando algún llamado especial me hace dirigir los pinitos hacia otras orillas donde quizá me nutra de otra manera, como fue el caso de mi “pesca milagrosa”. Hice como Sherlock Holmes a la caza de su presa, iba sin más indicación que la de una comunidad judía en Venta Prieta. Luego de un trayecto de unos 20 minutos, que me resultaron eternos, al haber sido víctima de sospechosas referencias sobre la seguridad de irme sola con un conductor desconocido (bien sabido es el riesgo que se corre en cualquier parte de mundo sin ser Colombia ni México la excepción), pasamos por varias avenidas y puentes hasta abrazar nuestro destino final: Venta Prieta. Inclusive el taxista me había preguntado: « ¿y por qué anda tan solita? ». Ese tipo de preguntas causan intranquilidad pero me sabía en buena vía para conseguir un hallazgo espiritual, de esos que llevan bendición, o por lo menos un halo diverso que da sosiego. Ya Venta Prieta, el taxista le averiguó a un transeúnte: « ¿por favor, dígame adónde queda la sinagoga ? ». El hombre de facha pueblerina indicó que la iglesia quedaba a tres cuadras más allá y que era una casa azul en una esquina. Hacia ese lugar nos dirigimos convencida que al primer intento daría con algún judío, como si fuera obvia mi búsqueda. Frente a la fachada descrita, toqué a la puerta sin obtener respuesta. Frustrada en intenciones, me dirigí hacia una papelería justo enfrente, y pregunté si alguien estaba en el lugar sagrado, obtuve como contestación que solamente hasta dentro de 4 horas aparecerían los del rezo. Entonces insistí que me orientaran hacia un hogar judío. La vendedora me miró de arriba a abajo como quien se pregunta: ¡qué diablos querrá esta mujer con un cantadito extraño para contactarse con algún judío sin importarle nombre ni dirección del fulano en cuestión! Le sonreí con sonrisa dominguera y plácida. Creo que atisbó en mi rostro la imperiosa necesidad de lograr mi hazaña, y me indicó que a 3 cuadras se hallaba la residencia de Rubén y sus dos hermanos, también con nombres de pila bien judíos. Me fui caminando con el apuro de un paso que no quiere confusión. Ante el portón timbré no sin cierto desespero pues no anhelaba que se me escapara la oportunidad de entrevistarme con judíos del barrio. Una voz inquirió, « ¿quién es? ». Respondí : « soy una colombiana- judía que busca conocer a gente de la comunidad judía de aquí ». Un hombre maduro me hizo seguir hasta el jardín, me devolví para cancelar el importe del taxi, segura de que había dado con el buen paradero de mi odisea. Pagué la carrera y despedí al taxista, quien ya había conseguido otro cliente para fortuna propia. Volví sobre mis pasos, y esta vez me recibió un hombre mayor, sin ser anciano, que me hizo sentir inoportuna. Suplicante le insistí que no podía echar por el suelo el sueño de saber más sobre ellos, y que venía de muy lejos sin rumbo exacto, además que acababa de despachar al chofer y ya no tenía norte en mi mente, sólo el de conseguir hablar con representantes de la comunidad judía de Venta Prieta. Algo inquieto y desconfiado, me hizo saber que para ello era indispensable una cita previa. En ese momento sentí como un puñal en el pecho. Cómo se me iban a esfumar mis ilusiones con una mala cara ante mi llegada. « Lo lamento pero tengo invitados, es shabat, día sagrado y no puedo atenderla », repuso verbalizando su discurso con una actitud poco amable, al contradecir el más elemental de los preceptos del judaísmo, que al extranjero siempre se le recibe bien. Algo me decía que el hombre se traía un guardado en su alma. Le ofrecí disculpas por haber llegado sin previo aviso y contestó con la inteligencia de quien conoce la condición humana, « entonces estamos a la par ». Lo que traduje mentalmente por: si usted es inoportuna y yo un tanto descortés, ¡mis buenos motivos tendré! ». Me sentí despedida y, antes de partir enredada en la frase le supliqué que me informara sobre otra puerta para tocar. Creo que en cierto punto le ablandé el corazón, ya que no me vio mal vestida ni con ínfulas de pedir nada. Suspiró y me dijo ya con aire más amistoso: « siga esta cuadra hacia abajo como 3 calles y pregunte por los Téllez ». Mi búsqueda se basaba en la terquedad de dar con
Teníamos cita en la plaza a las 5pm para dar un recital a sus habitantes. Llegué colmada de un sentimiento espiritual donde refugié un sentido profundo de volver a la dignidad cuando se funde en la ajena. Y fue una experiencia única que me predispuso a pasar una semana de ensueño como fue el caso, ya en contacto con los indígenas, mis otros hermanos, frente a la pirámide en Huapalcalco para recibir en ceremonia de rituales la primavera con danzas, oraciones y ofrendas. Copioso festejo de texturas, movimientos y sentimientos. El ojo acusó el impacto del color, el sabor y sobre todo el celo con que otras civilizaciones aman y respetan
Al darle la bienvenida al nuevo equinoccio, algunos compañeros tuvieron la oportunidad de compartir sus textos y dejar en el aire de grutas y rocas tan ancianas como el mundo, el mensaje de paz y amor, origen de la palabra del encuentro. Recibimos de manos de los sabios, el bastón de mando para traer a la tierra de cada uno la responsabilidad de hacer algo por nuestra patria, compromiso que se adquirió en una ceremonia frente al sol y la divinidad del Universo, bajo la promesa de llevar el Bien en todo acto. Para mí, la traída del bastón a Bogotá se vistió de anécdota, ya que sólo por la insistencia de su valor sagrado convencí a los agentes de seguridad que aún con dimensiones no permitidas para el abordaje, era importante traer a Colombia el elemento de mando, que aún guardo y guardaré con el cuidado y la atención con que me fue acordado. Hicimos círculos de luz para mostrar el verdadero Humanismo que debe ser canto diario hacia el semejante, pasando por el filtro de la buena conciencia de cada uno.
Luego en el Claustro de Tulancingo tuvimos la ocasión de escuchar la voz poética y literaria de todos los compañeros, más de 50…. Esos « sin cuenta » que en dimensión arman un ejército de palabras llenas de armas amorosas donde cada sílaba arroja su aporte. Otro ámbito sagrado recibió la fuerza de la metáfora, dejando piedras y monumento con la delicia del verso rodando por las cuatro esquinas de la catedral.
Cada país hizo presencia bajo la figura de su escritor en escuelas para fomentar la lectura y enseñar al estudiantado talleres de poesía además de mostrar un sistema de vida al resaltar el concepto que el escritor o narrador están vivos y atentos a los procesos que circulan por el mundo, como faros de alarma para denunciar aquello que toma rutas adversas o chuecas. La receptividad de las visitas a los planteles resultó gigante ya que es forma viva de llegar al corazón del alumno. María Cristina de
El valle del Mezquital fue nuestra última parada. Anfitriones fueron el Teatro Cuauhtémoc y
Progreso, Mixquiahuala, Actopan, Ajacuba y El Santuario generosas localidades que se hicieron al aplauso frente a los escritores, quienes ya con la cancha del oficio y el sentido de multiplicar ya no los panes sino los conceptos, llegaron a las aulas o los auditorios con las frases en alto y el amor expuesto bajo el embrujo de cada palabra.
En Santiago de Anaya en las Grutas de Xoxafí, los cientos de alumnos de una escuela, escucharon atentamente el eco de la piedra y el tono de cada extranjero con el dejo de cada país, otra vez llenos de oraciones de amor al prójimo dicho con el talento de cada uno y la versatilidad que ofrece el arte de la escritura. Resultó velada mágica con velas encendidas y el vestuario de las niñas urdido de bordados y colores para mostrar la riqueza de la cultura de la zona. Todo invitó a la fantasía del atisbo y el recogimiento en una cueva que permite volver hacia nosotros mismos. Como si fuera la matriz donde el ser se prende del calor y del amor necesarios para vivir.
El jueves 24 de Marzo
Los vestigios toltecas de la zona arqueológica de Tula con la presencia de los Atlantes fueron escenarios de la clausura ya para despedir a Hidalgo y volver con la nostalgia propia de quien deja y toma algo de vida para sus días futuros, bajo la impresión de haber experimentado momentos de amoroso sortilegio, donde cada participante obtuvo de la estadía en Hidalgo su mejor parte: la esencia de un estado rico en cultura y en apertura hacia los demás al imprimir una visión más amplia y justa en sociedades por venir.
El retorno se hizo con nostalgia. Dolía separarse de tantas personas maravillosas como Ana, Maruca, Franco, Luis, Marisol, Cely, Eliane, Gloria, Peri y tantos otros nombres que llenan el recuerdo de néctar.
Ya en casa con mi madre ciega por motivos de un coagulo en su único ojo bueno, puedo contarle las maravillas de mi permanencia en su terruño de nacimiento para hacerla partícipe de un periplo literario que me deja agradecida con la existencia y con todos aquellos que hicieron posible esta luna de miel con Hidalgo.
Un aplauso cerrado le brindo a María Cristina de
Bella Clara Ventura
Poeta y novelista
Colombo- mexicana